APRENDER ES UN VIAJE CONTINUO

 

CATAZAJÁ, CHIAPAS (ENERO 2020). Cinco hectáreas podrían parecer pocas para un productor. Pero podrían ser el sustento y el futuro de una familia, como es la de Luis Méndez Álvaro, un indígena Chol de Catazajá que a sus 54 años sigue trabajando como jornalero y machetero. Además, ha incursionado ahora como empresario y es parte la sociedad de Mundo Maya, ubicada en el municipio de Catazajá, Chiapas.

 

La palma de aceite es tan noble, que desde 1999, cuando sembró por primera vez, las matas siguen dando frutos a pesar de los errores que se cometieron por la falta de experiencia.

 

Hoy, gracias al Programa Holístico cocreado por PepsiCo, Oleopalma, Femexpalma, Nestlé, RSPO y Proforest, Luis y sus compañeros están en proceso de lograr la certificación RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil), lo que hará que sus plantas sean más sostenibles, productivas y, por consecuencia, más rentables.

 

Hoy este hombre confiesa que en dos décadas de uso de la planta ha podido darles estudios universitarios a cuatro de sus siete hijos. Alberto el mayor, es abogado, le siguió Miguel que se decidió por la criminología, luego Zenaida, quien estudió turismo y por último Deysi, quien es ingeniera agroindustrial porque es a quien más le gustó el trabajo de su padre.

 

“Yo no los obligo, yo nomás los aconsejo. Les he dicho: el que quiera estudiar, yo los voy a apoyar. Y ya ellos deciden”. Aún tiene a tres de sus hijos en educación media superior. “Poquito o mucho, la palma siempre te va empujando. Son ellos los que deciden qué quieren.”

 

Gracias al proceso de certificación, Luis menciona que ha cambiado su manera de manejar la palma. Le han enseñado a tener limpias las entre palmas, porque eso le permite tener un mejor corte del fruto. Otra cosa que ha aprendido es nombrar sus plantaciones, porque ayuda a tener un mayor control de su cosecha. También ha aprendido a mejorar todo el proceso de corte y poda. Ahora las hojas las apila y las va formando, con la intención de que se vuelvan una composta natural con el paso del tiempo.

 

Aunque su palma está en la última etapa de vida, pues tiene dos décadas desde que la sembró, quiere sacarle el mayor provecho a los años que le quedan. Por eso decidió participar en el programa de Fertiahorro, un programa impulsado por Oleopalma, para facilitar el ahorro para la compra de fertilizantes a los productores que están en proceso de certificación.

 

“La palma no nos deja con las manos cruzadas”. En un futuro cercano, Luis está pensando en resembrar, porque ha visto que la palma es un buen negocio para su familia. Aunque tiene 54 años, la fuerza se le nota en los músculos de su cuerpo, es una persona activa que además de atender su plantación, busca seguir ayudando como jornalero en otros plantíos. Y por si fuera poco, tiene un pequeño huerto donde siembra maíz para el consumo familiar.

 

Antes de despedirse en su lengua indígena, el chol, Luis nos recuerda que su proceso de capacitación no sería el mismo sin los técnicos que lo apoyan actualmente. Porque sin su acompañamiento, quizá él no hubiera entendido que el cuidado de los suelos es tan importante como el cuidado de las palmas.