LA SABIDURÍA DE DON PORFIRIO

TENOSIQUE, TABASCO (ENERO 2020). Originario de Tenosique, Don Porfirio ve la vida con la sabiduría que le dan los años. Nació en 1939 y su vida se resume en dos palabras: el campo.

 

Por más de 60 años, este hombre de andar pausado ha sembrado decenas de frutos. Los que más recuerda son el maíz, el frijol, el arroz y la yuca. Hasta que, en el año 2000, un programa de gobierno le dio la opción a uno de los más productivos y rentables entre todos los frutos que había cosechado: la palma de aceite, que ha tenido un impacto transformador en su vida. 

 

Don Porfirio no estudió una carrera, pero sabe leer y escribir. Aunque si somos sinceros, lo que mejor le salen son los números. Es disciplinado como pocos, todas las mañanas antes del alba, sale al campo acompañado de su libreta y su lápiz. Camina los senderos entre las palmas sembradas en las 10 hectáreas que tiene. Sabe cuántos racimos tiene cada árbol, calcula cuándo tendrá que contratar personal para que le ayude a cortar el fruto, hace cuentas de todo lo que deberá de invertir y calcula las posibles ganancias. Es un hombre de campo.  Le gusta, lo aprecia, lo respeta.

 

Actualmente Don Porfirio vive en Balancán, una pequeña comunidad en el sureste mexicano ubicado en el estado de Tabasco. Cuenta que la palma de aceite es uno de los frutos favoritos que siembra, ¿La razón? “Nunca se le pierde, aquí siempre da. Y ahora con la asesoría que estamos teniendo ya se ve mejor la plantación, el fruto da más… y aunque el año pasado fue duro, sí me dio.”

 

Don Porfirio está inmerso en el proceso de certificación que está impulsando Oleopalma con pequeños productores de su base de suministro. Se trata de una certificación RSPO que busca aminorar los impactos medioambientales de la siembra de palma, con el objetivo de que haya más producción. Conseguir la certificación quiere decir equilibrio entre la industria, la naturaleza y los productores.

 

La palma de aceite es uno de los cultivos que más desarrollo ha tenido en el sureste mexicano, de acuerdo con un reporte de la SEMARNAT publicado en 2016. Y se debe a su gran rentabilidad, pues la planta puede generar frutos por 25 años si se siguen los procesos de limpieza y fertilización adecuados.

 

Durante este proceso hacia la certificación, Don Porfirio ha aprendido de todo: desde cómo hacer los cortes de racimo, tener un mejor manejo de personal y hasta la calidad del suelo que tienen sus palmares. Como decíamos al principio, este hombre de 80 años se aferra a la tierra como una manera de seguir sosteniendo a su familia.

 

Hoy, Don Porfirio sigue firme. No se ve cansado a pesar de que su cabello ya pinta canas. Este hombre que le ha entregado su vida a la alimentación de cientos de miles de personas, hoy quiere decirle a su hija Dalila que sus estudios fueron gracias a su disciplina y su andar en medio de siembra. También para que Rubén, el mayor de sus hijos, tenga paciencia y abrace la tierra como él lo hace.

 

Dice Don Porfirio que los años que “Dios le preste”, serán para seguir arando la tierra. Mientras tanto, le gusta ver que su trabajo ya da frutos: su hija Dalila Muñoz es ahora una profesionista que estudió una ingeniería en acuacultura y ahora es madre de Dania y Jesús, dos nietos que le sacan carcajadas cada vez que lo ven.