MUJER, LÍDER Y CREADORA DE UNA TRADICIÓN PALMERA

CATAZAJÁ, CHIAPAS (ENERO 2020). Las mujeres que trabajan el campo juegan un papel muy importante en el desarrollo sostenible del sector de palma de aceite en México. Ana María Miranda Sarao cree en la tradición de enseñar a otros lo que ella aprende para que las mejores prácticas se puedan aplicar en todas las plantaciones. Algunas de las mejores prácticas que aprendió esta mujer de 43 años fueron la tradición de plantar, conservar, administrar y vender palma aceitera.

 

Con apenas 10 años como encargada de la siembra dentro de la sociedad de Mundo Maya, esta mujer se siente agradecida con el fruto que sale de sus casi cuatro hectáreas que le fueron heredadas por su padre.  “La palma ha sido muy generosa con nosotros. Hablando de la comunidad, si no existiera la palma, la mayoría de los hombres y algunas mujeres, no tendrían trabajo y migrarían a la ciudad. La palma nos ha ayudado mucho, lo que ha hecho a la comunidad.”

 

Cuando hablamos con ella, la señora Ana María mencionó que antes los campesinos sólo podían ser jornaleros que iban de plantación en plantación: todos en búsqueda de trabajo que les garantizara el sustento. Además, los cultivos que había sólo eran de temporal, lo que ocasionaba que durante muchas semanas las personas estuvieran paradas y sin ganancia. “El campesino de antes era jornalero, hoy tiene trabajo y tierra para dar trabajo. Un campesino ahora le puede dar trabajo a dos familias más. Y en época de zafra, (la palma) da para mucho más.”

 

La palma “no deja sin apoyo económico”. Convencida de que es uno de los frutos más bondadosos que ha sembrado desde que eran niña, “si nosotros queremos o necesitamos apoyo económico, cortamos cinco o seis racimos por semana y ya nos alcanza para el azúcar. Con lo que a nosotros nos ha dado la palma, para nosotros es una gran bendición.”

 

Gracias al apoyo del Programa Holístico, ahora Doña Ana María forma parte de una asociación que está por concluir el proceso de certificación para mejorar los rendimientos y aumentar la producción de su palmar, y ella hace todo esto mientras cría a su hijo. Habiendo heredado la tierra de su padre ahora será ella quien le deje la tierra a su hijo Luis Ángel, un joven de 20 años que todos los días atiende las plantas.

 

“La palma nos ayuda para sostener a nuestros hijos que están en la escuela, para sostener los gastos de la familia, y hasta para comprar un animalito, cuando es zafra nos alcanza y con eso aumentamos el dinero. El Programa Holístico nos ha ayudado de mucho, siento que nosotros no sabíamos algunas cosas que ahora veremos si nos dará una mejor producción.”

 

Por su naturaleza, la palma de aceite es una planta que arroja fruto durante todo el año. La cantidad de racimos que son generados depende, en gran medida, por la cantidad de agua que llueve. Sin embargo, aunque en años anteriores se ha registrado una menor cantidad de precipitaciones, la palma nunca deja abandonados a sus productores. Ahora, dice Ana María, la certificación ayuda para tener mejor control y orden en las plantaciones. “Las hojas las teníamos regadas, el cortador tenía riesgos de encontrarse animales cuando estuviera trabajando, ahora ya están las líneas y hay menos riesgos.”